"Aclaro primero que me siento incómodo y frívolo hablando de moda. Soy ecléctico y filoneísta, o sea, me gusta sólo lo nuevo y tengo buen olfato para la naftalina. La ropa da una estúpida sensación de renovación y caigo seguido en la debilidad de comprarla; me calma la ansiedad y segrego endorfinas. También disfruto de no encontrar nada, porque siento que el perverso mundo de la moda no pudo conmigo. Amo las camisas que no se arrugan, los pañuelos baratos que parecen caros y buscar esa marca nueva en un localcito abierto con 800 dólares que en un año va a estar en Barney’s. La carta de presentación de un diseñador son sus remeras; actualmente me gustan las de David David, que entendió que no va más la gráfica de dibujo a mano alzada ni el barroco hand made. No puedo tirar una camisa de Junya Watanabe que ya resistió más de cinco temporadas ni una campera Marithé Girbaud para algún bisnieto que vacacione en la luna. Ultimamente me sorprendieron las camisas y buzos de Henrik Vibskov y los sombreros de Regia (México DF), los mejores del mundo junto a los de Fiona Bennett en Berlín. Milán ya no es más el centro de vanguardia, hoy miro a Copenhague, Estocolmo y Tokio. Estúpidas obsesiones: pienso mejor con buzos y remeras y hablo mejor con camisas lisas. En general sólo respeto a la gente que me gusta como viste, que tiene personalidad y desfachatez. Por eso cuando viajo no me importa parar a pibas o pibes en la calle y preguntarles: «Disculpá que sea un poco maleducado, pero ¿adónde compraste esos zapatos?»"

Saco gris de solapa negra y apliques de tachas de plomo [Marc Jacobs]. Camisa de algodón y lino entallada [Daniele Alessandrini]. Corbatín de polín gris [Martin Margiela].Pantalón de gabardina gris [Helmut Lang]. Medias gris hielo [Comme des Garçons].Zapatos de cuero blanco [Marc Jacobs]. Anillos [Belgiorno]. Lentes de metal con efecto tornasol [Marc Jacobs]

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